Viaje a Rio de Janeiro con mi hijo Pablo - enero de 2001

23.9.04

JS: El Bip Bip

Queridos, Soy frecuentador de un bar localizado en el centro de Copacabana. Queda e una calle sin salida entre el mar y la Av. Copacabana. Su nombre es Bip Bip.

El lugar es un lugar de encuentro de músicos, amantes de la música carioca y periodistas que se encargan de darle publicidad siempre que se hace necesario.

El "botequim" es administrado por un personaje de media edad, Botafoguense y Mangueirense, llamado Alfredo o "alfrediño" para los íntimos.

Alfredinho recibe sus convidados con un vaso de vino en a mano, una sonrisa en los labios y con dos inusitados besos en las mejillas, mas a la usanza porteña de que propiamente carioca.

El deporte princpa de Alfredo es no hacer absolutamente nada dentro del bar. Por eso, institucionalizó el servicio personalizado. Me explico. Todo, de lo poco que el bar tiene, y que uno quiera, tiene que servirselo, anotar en una hoja su nombre y al final, hacer las cuentas y pagar. De preferencia con lo justo para que el no se sienta en la obligación de tener que contar el vuelto.

El lugar tiene poca cantidad de bebidas. Todas alcoholicas; gaseosas o agua ni pensar. Para aquellos desavisados que entran para comprar esas mercaderias alfredinho responde, entre sério e indignado: "pero che, éste es un bar sério, no jodas. Querés agua? cruzate al mar!" Claro que esa respuesta causa un cierto desconforto a la mayoria de los desavisados. Algunos, los menos, descubren en la respuesta la seña que dá acceso al portón del paraíso.

A esta altura es necesario aclarar que el bar tiene reduzidas dimensiones, no pasa de los 20 mts2. Durante mucho tiempo -de los 29 años "dedicados a la borrachera" como dice un cartel colgado en la puerta, y, mudado religiosamente todos los años- siempre a los domingos al salir de la playa se armaban, en la vereda, concurridas "Rodas de samba" animadas por buena cantidad de músicos, profesionales que tocan por diversión y sin compromiso. Farras tan interesantes y seductoras que cansé de cerrar las puertas muchos lunes por la mañana. Cerrar literalmente las puertas, pues Alfredinho completamente adernado me entregava llaves, candados y ordenaba: "cuando todo acabe... cerrá la casa, que yo me voy".

Ultimamente, debido a numerosas reclamaciones del vecindario que hicieron eco en las autoridades, se tuvo que poner un limite de horário y debe cumplirse la prohibición de cantar en la vereda. Por lo tanto, la música solamente adentro hasta las 22 hs. y las puertas abiertas hasta medianoche. Seguramente, la prohibición y las constantes materias en la prensa hechas en su mayoria por los periodistas que frecuentan la casa, aumento el público normal del bar.

Aquellos "iniciados" que consiguen entrar en el reducido local -mismo con um calor infernal- acompañan entusiasmados acordes y melodias; aquellos que estan de otro lado del umbral estiran el pescuezo desde la vereda con la esperanza de poder oir lo que se toca y canta. Así, con esa imposiblidad de tránsito, searmam verdaderas redes de solidariedad para hacer llegar desde la heladera los pedidos de cerveza que acompañan la cantoria y, sin la cual, seguramente disminuiria la frecuencia.

Al final, uno vá al bar para beber o para conversar? Salute.

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